Querer y no poder, desear y nunca poseer.
Ver el mismo cielo estrellado una noche tras otra,
pero nunca igual que antes, nunca con esos ojos centelleantes, muriendose de ganas.
Nunca más esas miradas, complices del silencio,
de la verdad oculta tras su rostro.
Ya nunca más esas pisadas acompasadas, arrastrando consigo el cruel destino,
la maldita desdicha.
Volver a empezar, y apenas rendirse sin acabar. Deseando una felicidad, inexistente ya.
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