Vamos a pintar un círculo en la arena,
y no lo borres, a ver si acaso la marea no se lo lleva.
Préstame tus manos, quiero hacer figuras con tus dedos,
y soñar que no se rompen entre los míos.
Ayúdame a construir castillos en el agua, que en el aire
están ya muy vistos, y regálame un soplo que los empuje para que no se hundan.
LLévame a Buenos Aires, o a cualquier otra parte del mundo donde no tenga que perderte, nunca me llevaste allí.
Pero déjame cerrarte los ojos, quiero hacerte el viaje más corto.
A mi no me asustaba que me amenazases con olvidarme, porque sabía que tarde o temprano llegaría el momento, y además no podía reprocharte nada cuando me mirabas con esos ojitos que me deshacían por dentro.
A mi lo que me fastidiaba era no poder luchar contra ello, contra el olvido, contra la verdad que más duele, contra las horas de más, contra los kilómetros, contra esa maldita gorra que tanto me gustaba que llevases y tus vaqueros desgastados, contra tus manos en los bolsillos, contra tu desgana mal disimulada, contra mis ganas de no separarme ni un segundo de tus labios y contra tus dedos en mi piel, contra mi falta de realidad y la tuya de ficción, contra ese puto escenario gris de fondo...Contra tí.
Y todo eso me consumía y me reducía a una estúpida sonrisa falsa que yo mostraba, a modo de teatro, a todo el mundo que me rodeaba.
Y yo no podía hacer nada, porque las piezas de este puzle ya venían rotas desde el principio y era imposible montar nada.
Lo peor de todo esto era que lo sabíamos, aunque nunca lo dijéramos en voz alta.
Que no tenías que decírmelo, que las palabras sobraban igual que la ropa. Que antes de que tu me formulases la pregunta yo ya te había dado la respuesta, quizás no la que tu querías, poco importaba. Que yo salté antes de que tu me dijeras nada, porque no necesitaba tu consentimiento para caer en el abismo. Ni el de nadie.
Qué estúpida y patética sensación de creer que lo comprendes todo mejor, cuando en realidad sigues sin comprender nada, absolutamente nada. Porque continuas andando y haciendo ese dichoso camino todos los días y escondiéndote debajo de un abrigo que por muy grande que sea no podrá ocultar tus ojos bañados en desgana mal disimulada.
Me falta una realidad que nunca ha existido,y busco otra que seguramente tampoco exista, y a cada rato que pasa te odio aun más, pero ese odio no es más que el reflejo del odio que siento hacia mi misma por no poder dejar de quererte ni un solo momento.
Soy una ilusa, una soñadora en un mundo donde ya no hay espacio para eso, ni siquiera un mísero rincón donde poder gritar a los cuatro vientos que aunque tu no estés aquí, yo te invento en cada paso que doy, en cada sorbo de café amargo y en cada pataleta de niña pequeña que me entra cuando no me conformo con nada de lo que tengo a mi alrededor.
Es claro y simple, te quiero aunque no te lo merezcas, te quiero aunque hayas decidido borrar todo rastro de mi perdida sonrisa y de aquella patética carta que una vez te escribí con la vana esperanza de que no olvidases nunca mi letra.
Pero no te preocupes,no hay realidad lo bastante pésima ni lágrimas suficientes que me puedan ahogar.
Por suerte, hace mucho que aprendí a nadar.
Estoy completamente segura de que no existe una sola esquina en este puto mundo que no tenga escrito tu nombre.
Y ni te imaginas cómo me gusta y me jode al mismo tiempo.