lunes, 16 de julio de 2012
Never give up.
Y a lo mejor es que ya no puedo, o no quiero, evitarlo. A lo mejor prefiero vivir con tu recuerdo y tu silencio para siempre, y que lo demás, venga solo.
Melancolía.
Me gustaba más cuando no tenía que contar los días que faltaban para tener que dejar de quererte. Ahora solo me quedan un montón de días tachados que me escupen la verdad, la verdad de que estuviste pero ya no volverás a estar, nunca más.
viernes, 13 de julio de 2012
jueves, 12 de julio de 2012
Don´t forget.
No hace falta que te muevas.
No hace falta que saltes hacia adelante o hacia atrás.
Tan solo quédate dónde estás, y recuerda cómo lo hacíamos cuando aun podíamos volar.
No hace falta que saltes hacia adelante o hacia atrás.
Tan solo quédate dónde estás, y recuerda cómo lo hacíamos cuando aun podíamos volar.
Requiem for a Memory.
Estaba sentada en un banco de un parque cualquiera, en una ciudad totalmente desconocida para ella.
Estaba sentada y de repente le invadió la nostalgia. Sin previo aviso, se sintió sumergida en un pozo negro de nostalgia y melancolía, y no entendió el por qué.
Pasaron las horas y seguía sentada en aquel lugar, no era capaz de moverse de aquel banco que, misteriosamente, le había infundido esa sensación que hacía tiempo que no experimentaba.
Quizás aquel lugar tenía algo que ver con aquella sensación, o quizás no. Quizás aquel banco era algún resquicio de un pasado que, tristemente, no podía recordar.
La nostalgia a veces trae consigo el pasado que un día tuvimos que olvidar. Y el adiós que nunca supimos entender.
jueves, 5 de julio de 2012
Infinita ingenuidad.
Ingenua.
Es la palabra que más suena en la cabeza de Marta, a todas horas y en todo momento. Lo malo que tiene esta palabra es que siempre viene acompañada de otra, que no sugiere, ni mucho menos, algo positivo tampoco. Estúpida, ilusa o loca suelen ser las que más acompañan a su palabra. Sí, y lees bien, he puesto SU palabra, porque esta palabra y cada una de sus letras forman ya parte de su existencia, nadie más que Marta puede incluir esta palabra en cada uno de los sucesos de su vida, nadie más que ella puede describir todo lo que le ocurre simplemente pronunciando esta palabra.
Por culpa de esta palabra, y de todo lo que ella conlleva, Marta sigue esperando a su príncipe azul, ese príncipe que vendrá a rescatarla de todos los malos de la película, de las quemaduras y los vicios, de las esperas sin sentido, del olvido a plazos, del adiós con fecha de caducidad, incluso de su propia existencia, asustada en un rincón de un cuarto olvidado.
Qué fácil es para Marta vivir en universos paralelos y qué difícil es aceptar la verdad de que no hay ningún príncipe que la esté esperando al final del camino.
Es la palabra que más suena en la cabeza de Marta, a todas horas y en todo momento. Lo malo que tiene esta palabra es que siempre viene acompañada de otra, que no sugiere, ni mucho menos, algo positivo tampoco. Estúpida, ilusa o loca suelen ser las que más acompañan a su palabra. Sí, y lees bien, he puesto SU palabra, porque esta palabra y cada una de sus letras forman ya parte de su existencia, nadie más que Marta puede incluir esta palabra en cada uno de los sucesos de su vida, nadie más que ella puede describir todo lo que le ocurre simplemente pronunciando esta palabra.
Por culpa de esta palabra, y de todo lo que ella conlleva, Marta sigue esperando a su príncipe azul, ese príncipe que vendrá a rescatarla de todos los malos de la película, de las quemaduras y los vicios, de las esperas sin sentido, del olvido a plazos, del adiós con fecha de caducidad, incluso de su propia existencia, asustada en un rincón de un cuarto olvidado.
Qué fácil es para Marta vivir en universos paralelos y qué difícil es aceptar la verdad de que no hay ningún príncipe que la esté esperando al final del camino.
lunes, 2 de julio de 2012
Extremos.
Éramos todo.
Fuego y hielo. Sol y lluvia. Pasión y destrucción. Verano e invierno. Risas y también lágrimas.
Tan diferentes, y a la vez tan iguales.
Éramos todo y en cuestión de segundos pasamos a ser nada. Los extremos nunca son buenos y, aunque lo sabía, me daba igual.
No soporto los términos medios.
Fuego y hielo. Sol y lluvia. Pasión y destrucción. Verano e invierno. Risas y también lágrimas.
Tan diferentes, y a la vez tan iguales.
Éramos todo y en cuestión de segundos pasamos a ser nada. Los extremos nunca son buenos y, aunque lo sabía, me daba igual.
No soporto los términos medios.
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