Cuando el chico se acercó a ella, no se dió cuenta, y dió un pequeño brinco cuando él toco su hombro para llamar su atención.
_ ¿ Por qué no bailas ?- Le preguntó.
- Porque no sé.- le contestó ella.
- Pero yo puedo enseñarte, baila conmigo.-
- Te he dicho que no me apetece.-
- No es cierto, me has dicho que no sabes.-
- Es lo mismo, y ahora déjame en paz.-
- Tú misma, pero por más que los mires no vas a bailar como ellos si te quedas siempre en esa misma esquina, sola y aburrida.Puedes bailar conmigo, y después si quieres, nos bailamos el agua.-
- ¿ Bailarnos el agua?-.
- Sí, eso dicho, confía en mi, tienes que aprender a confiar.-
- Esta bien, bailemos, solo un rato, y después me explicas que significa eso que has dicho.-
- No hará falta que te lo explique cuando hayas bailado conmigo.-
Se pasaron la noche bailando y ella ya no deseaba ser ninguna de aquellas figuras antes envidiadas. Le gustaban sus ojos, y su forma de mirarla cuando movía las caderas.

No hay comentarios:
Publicar un comentario