Y los ves moverse, llenos de vida, y te ves a tí en ellos, semanas atrás, caminando, con una sonrisa pintada en la cara, sonrisa que refleja un sentimiento eterno y cristalino.
Y te recuerdas, una vez más, flotando entre todo ese gentío, cabezas fulgurantes de pensamiento, dolor y sentimiento, y es entonces cuando sucede, y te das cuenta de que la felicidad pura existe, que es capaz de hacerte olvidar hasta de que estás viva y de que habitamos un mundo que no deja de girar, que se destruye y consume día a día, pero a tí te da igual, porque nada de eso importa cuando te vuelves el ser más egoísta y dichoso que habita sobre la faz de la tierra.
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