miércoles, 3 de agosto de 2011

Recuérdame

Ella. Suave, eterna, inmóvil. Tumbados, el uno frente al otro, en un amplio paisaje otoñal y oscuro como la noche. El viento sopla a su alrededor como una cálida brisa marina y el pelo de ella ondea al compás de él al tiempo que una lágrima recorre su pálido y hermoso rostro.
- ¿ Por qué has dejado de quererme ?- Le susurró ella, mirándole a los ojos, esos ojos oscuros, como la noche.
- No he dejado de quererte...- Le contestó él, pero ella podía leer la verdad en sus ojos, esos ojos que tan bien conocía, que tantas veces había visto en sus sueños, todas las noches.
- Entonces, vuelve a mi lado, no lo soporto más.- Le replicó ella, suplicante, al mismo tiempo que más y más lágrimas recorrían su hermoso rostro.
- Sabes que no puedo, sabes que es lo mejor para los dos, estaba escrito que pasase así- Le contestó.
Pero la verdad de su alma no decía lo mismo, y él lo sabía, en el fondo de su corazón la necesitaba desesperadamente a su lado pero el destino no había jugado de su parte, ni de la de ella.
- Una vez me dijistes que el destino lo escribía cada uno con sus propios actos, no es lo que me has demostrado- Volvió a decirle ella.
Un torrente de agua inundó su rostro. Anaís ya no podía aguantarlo más y había explotado, inundando todo a su paso.
- Y es cierto, te lo dije y lo sigo pensando, pero son tantas cosas las que han pasado que ya no estoy seguro ni de mi mismo, lo siento, no podemos vivir de un recuerdo para siempre, lo que pasó pasó, fue hermoso mientras duró, pero la vida sigue, y tenemos que aceptarlo nos gusté o no.- Su rostro permanecía impretérrito, mantenía una expresión dura y firme, era como un enorme muro de hielo, imposible de quebrantar, al menos así lo veía ella.
Ella no quería rendirse, no ahora después de todas las noches, todas esas noches de soledad y llanto, de recuerdos y nostalgia, de rabia y deseo inaguantable.
- Olvidemos el tiempo perdido y empecemos de nuevo, ahora ya soy libre... - Le dijo.
- No es suficiente con eso, nunca será suficiente, nuestras vidas están demasiado separadas, ya es imposible volver a unirlas, compréndelo. Yo no puedo hacerte feliz, lo sabes, y no puedo vivir con eso, no podemos, no sería justo. Te mereces mucho más, lo mejor que puedo hacer por tí, es desaparecer completamente de tu vida, ahora no lo entenderás, pero con el tiempo me lo agradecerás. Es lo único que puedo pedirte, para demostrarte que te quiero, que te he querido y he deseado todos y cada uno de los días que hemos estado separados, estar a tu lado.
- No por favor...- Suplicó ella, una vez más. Pero de nada servía, ya era demasiado tarde, él desaparecía, una vez más, su reflejo era cada vez menos nítido, pero aún le quedaba algo más que pedirle, un último deseo antes de que su luz se fuese para siempre y quedase solo el recuerdo.
- ¿ Me prometes que serás feliz, que seguirás con tu vida, y que me olvidarás ?.
- Sabes que no puedo prometértelo...
- Si puedes, eres fuerte, yo lo sé, confío en que lo harás- Su rostro seguía manifestando dureza e inexpresividad, pero su alma ardía en dolor.
Justo antes de desaparecer, le dió un frío beso en los labios, apenas rozándolos. 
Anaís se quedó sola, ante aquel inmenso campo que tan bien conocía. Recordó entonces el sabor de sus labios cuando se dieron el primer beso, allí en ese mismo lugar. Años atrás ignoraba que allí mismo también le vería por última vez.
Aquella promesa que le hizo entonces se había ido con él, sus palabras se habían ido, con el viento (- "No pienso rendirme...") esas palabras retumbaban en los oídos de Anaís y sabía que las recordaría toda su vida, al igual que sabía que ya solo le quedaba su recuerdo y que tendría que vivir con él le gustase o no.
- Te lo prometo...- Pero no sirvió de nada aquel susuro, él ya estaba a kilómetros de ella. Ya nunca sabría lo mucho que le había dolido a él acabar con aquella historia en la que ambos habìan puesto tantas esperanzas,ya no había nada, solo recordar, recordar para siempre...

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