martes, 3 de enero de 2012

Muñecas de cristal.

Máscaras pintadas, que acompañan cuerpos inertes. Inexpresividad en rostros barnizados con pintura barata. Piernas herméticas,raquíticas, que apenas si podían moverse un palmo. Felicidad a los ojos de los demás, con sonrisas enmascarando la verdad de aquel ojalá que les llevó hasta allí, hasta aquel lugar de pasiones fingidas y razones estereotipadas. Simples maniquís de escaparates que a los ojos del mundo eran bellezas artísticas que irradiaban luminosidad por todos y cada uno de sus poros. Simples engranajes de un mundo que solo quería muñecas tontas y sumisas, muñecas que sonríen a todo y a todos, conformándose en la fragilidad de su existencia. Muñecas tristes, si, pero muñecas al fin y al cabo.
                                                             
                                                              

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