A mi lo que me fastidiaba era no poder luchar contra ello, contra el olvido, contra la verdad que más duele, contra las horas de más, contra los kilómetros, contra esa maldita gorra que tanto me gustaba que llevases y tus vaqueros desgastados, contra tus manos en los bolsillos, contra tu desgana mal disimulada, contra mis ganas de no separarme ni un segundo de tus labios y contra tus dedos en mi piel, contra mi falta de realidad y la tuya de ficción, contra ese puto escenario gris de fondo...Contra tí.
Y todo eso me consumía y me reducía a una estúpida sonrisa falsa que yo mostraba, a modo de teatro, a todo el mundo que me rodeaba.
Y yo no podía hacer nada, porque las piezas de este puzle ya venían rotas desde el principio y era imposible montar nada.
Lo peor de todo esto era que lo sabíamos, aunque nunca lo dijéramos en voz alta.
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