Es la palabra que más suena en la cabeza de Marta, a todas horas y en todo momento. Lo malo que tiene esta palabra es que siempre viene acompañada de otra, que no sugiere, ni mucho menos, algo positivo tampoco. Estúpida, ilusa o loca suelen ser las que más acompañan a su palabra. Sí, y lees bien, he puesto SU palabra, porque esta palabra y cada una de sus letras forman ya parte de su existencia, nadie más que Marta puede incluir esta palabra en cada uno de los sucesos de su vida, nadie más que ella puede describir todo lo que le ocurre simplemente pronunciando esta palabra.
Por culpa de esta palabra, y de todo lo que ella conlleva, Marta sigue esperando a su príncipe azul, ese príncipe que vendrá a rescatarla de todos los malos de la película, de las quemaduras y los vicios, de las esperas sin sentido, del olvido a plazos, del adiós con fecha de caducidad, incluso de su propia existencia, asustada en un rincón de un cuarto olvidado.
Qué fácil es para Marta vivir en universos paralelos y qué difícil es aceptar la verdad de que no hay ningún príncipe que la esté esperando al final del camino.
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