sábado, 3 de diciembre de 2011

Sobreponerse.

Me sentía como una de esas atracciones de feria que no dejaban de hacer siempre el mismo recorrido, dando vueltas en un circuito cerrado, una y otra vez. Nada tenía sentido, todo en mí era caos.
Le miré directamente a los ojos y me enfrenté a él.
- Pero no puedo, me he quedado estancada, en el sitio, sin poder moverme. Veo la vida pasar, y siento que no me arrastra con ella, que ella sigue a una velocidad incomprensible, y yo me quedo quieta, sin poder hacer nada.- Le dije, entre lágrimas entrecortadas.
- Pero todos nos sentimos así a veces, por eso hay que pensar en el camino ya recorrido, en que si has llegado hasta aquí tú solita, puedes seguir perfectamente hasta el final.- Me contestó.
- No me quedan fuerzas..., se me fueron en un tren que no pasará otra vez.-
- La vida está llena de trenes que se van y trenes que llegan, la vida es un frenesí de segundos que no te deja acomodarte en ningún tiempo, ni en ningún lugar.
- Eso ya lo sé, pero...  ¿ Y tú? ¿Qué haces para sobreponerte?.-
- Sobreponerse es un mecanismo de supervivencia. Sin él, nadie podría vivir.
- No has respondido a mi pregunta...-
- No hace falta que lo haga, tú misma tienes la respuesta. Hago lo mismo que tú, sólo que tú aun no eres consciente de ello.
- ¿ Consciente de qué?-
- De que solo olvidando el peso del dolor en nuestra memoria y recordando la felicidad de lo efímero conseguimos sobreponernos a la vida.  

                                             
                                                         

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